1.- Corra de manera exagerada hacia el control de seguridad en la t4, Barajas.
2.- Descálcese y ande descalzo por la t4, sin pertenencias y sin compañera.
3.- Sacando el ordenador.
4.- Vuelva a correr si quiere llegar al trenecito el cual le chafará entre sus puertas.
5.- Siga corriendo para llegar a la puerta de embarque.
6.- Después de 10 horas en un cubilingo sin apenas movilidad llegue a Bogotá.
7.- Sacando el ordenador.
8.- Descubra que no hay zona de fumadores, una amable empleada de “ seguridad” le recomendará: “ Manipular los trastos para fumar en el baño.”
9- Piratee la señal y conéctese al Facebook para dar señales de vida.
10.- Una vez en la pista de despegue lloviendo, descubra que su compañera ha perdido la tarjeta de embarque.
11- Duerma en el avión junto a un peruano amable y hablador al que, por supuesto, no se le hará caso.
12.- Sacando el ordenador.
13.- Pierda todo el estrés y deje que se forme una fila interminable esperando a que usted pase el control.
14.- Haga de la terminal de Lima su hogar, por suerte se puede fumar.
15.- Descubra que lleva líquidos en el equipaje de mano y nunca antes han sido encontrados.
16.- Juegue al guiñote, la escoba y por último al parchís, perdiendo el dado en cada ocasión.
17.- Descubra aterrorizada y después de casi 24 horas de viaje que puede que su vuelo primero pare en la Paz.
18.- Vea como los equipajes de mano son aleatoriamente elegidos para ser enviados a la bodega porque la tripulación lleva demasiado equipaje.
19.- Pase de hacer fila para embarcar, siga jugando al parchís como si nada.
20.- Duerma en el avión.
21.- Golpe de calor.
22.- Delátese equivocadamente como traficante de tabaco en la aduana.
23.- Móntese en una camioneta con un tipo al que no conoce, sin cinturón de seguridad y sin señales de tráfico a la vista.
24.- Llegada al hogar misteriosamente sanas y salvas.
23 nov 2010
21 nov 2010
aventuras y desventuras en el transporte público
Lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de coger un medio motorizado en Santa Cruz es que las señales de tráfico no existen, y en el caso de que lo hagan, nadie se fija en ellas, así que impera lo de "tonto el último" así que hay que armarse de valor y confiar en a pericia del conductor. Hasta el momento hemos visto un único semáforo para peatones.
Nuestra primera aventura tuvo lugar a los 3 días de estar aquí, cogimos el micro utilizando la lógica hacia la dirección que creíamos correcta, error, hay que preguntar SIEMPRE hacia donde va, nos equivocamos de dirección. La cosa no fue muy grave ya que 5 minutos después llegamos al fin de línea, dimos la vuelta y ya está.
El segundo incidente aconteció en un taxi. La única noche que hemos salido, por ahora, para volver tuvimos que coger taxi ya que los micros se habían acabado. Íbamos con C., educador del hogar, así que no hubo problema al negociar el precio ni nada. Pero C. se bajaba antes que nosotras, y nada más bajarse entramos en un barrio un poco "sospechoso". ¡De repente el taxista paró el coche! Nosotras claro, acongojadas, pero resultó que se le había calado. Peor fue cuando se metió por una calle y nos dijo "Por aquí ¿no?" ahí M. y yo nos miramos y dijimos "psssí" sin tener ni idea de dónde estábamos, sin iluminación y con la mano en el bolso buscando el celular por si acaso. Pero al final resultó que el señor no estaba tan perdido y llegamos bien al hogar, después de cambiar 3 veces de dirección,y de atravesar el super puente del canal (que parece que se va a caer en cualquier momento pero misteriosamente aguanta). El taxista asombrado preguntó "¿ Esto aguantará?" ... Esperemos...
Y el tercer y, por ahora, último incidente aconteció hace pocos días. Habíamos bajado al centro a dar una vuelta y para volver cogimos todas convencidas el 37 (mismo error de la vez pasada, no preguntar si va a la dirección que quieres, parece que no aprendemos). Después de estar una hora dando vueltas por la ciudad y ver que no reconocíamos nada a M. se le ocurre preguntar al conductor por la dirección. Nos dice que tenemos que bajarnos ya y nos indica cómo ir. Andamos dos cuadras y como seguimos sin reconocer nada preguntamos a una señora que pasaba por allí. Nos dice que estamos equivocadas y nos manda hacia la dirección correcta. Y por fin, después de hora y media dando vueltas llegamos a comer al hogar agotadas, muertas de sed y apuradas porque llegamos tarde.
Por supuesto, todo esto se lo hemos ido contando a las educadoras, que se mueren de la risa con nuestras historias y creo que cada vez que salimos le ponen una vela a la virgen para que volvamos de una pieza.
La semana que viene nos vamos de viaje, ya veremos cómo nos apañamos.
Nuestra primera aventura tuvo lugar a los 3 días de estar aquí, cogimos el micro utilizando la lógica hacia la dirección que creíamos correcta, error, hay que preguntar SIEMPRE hacia donde va, nos equivocamos de dirección. La cosa no fue muy grave ya que 5 minutos después llegamos al fin de línea, dimos la vuelta y ya está.
El segundo incidente aconteció en un taxi. La única noche que hemos salido, por ahora, para volver tuvimos que coger taxi ya que los micros se habían acabado. Íbamos con C., educador del hogar, así que no hubo problema al negociar el precio ni nada. Pero C. se bajaba antes que nosotras, y nada más bajarse entramos en un barrio un poco "sospechoso". ¡De repente el taxista paró el coche! Nosotras claro, acongojadas, pero resultó que se le había calado. Peor fue cuando se metió por una calle y nos dijo "Por aquí ¿no?" ahí M. y yo nos miramos y dijimos "psssí" sin tener ni idea de dónde estábamos, sin iluminación y con la mano en el bolso buscando el celular por si acaso. Pero al final resultó que el señor no estaba tan perdido y llegamos bien al hogar, después de cambiar 3 veces de dirección,y de atravesar el super puente del canal (que parece que se va a caer en cualquier momento pero misteriosamente aguanta). El taxista asombrado preguntó "¿ Esto aguantará?" ... Esperemos...
Y el tercer y, por ahora, último incidente aconteció hace pocos días. Habíamos bajado al centro a dar una vuelta y para volver cogimos todas convencidas el 37 (mismo error de la vez pasada, no preguntar si va a la dirección que quieres, parece que no aprendemos). Después de estar una hora dando vueltas por la ciudad y ver que no reconocíamos nada a M. se le ocurre preguntar al conductor por la dirección. Nos dice que tenemos que bajarnos ya y nos indica cómo ir. Andamos dos cuadras y como seguimos sin reconocer nada preguntamos a una señora que pasaba por allí. Nos dice que estamos equivocadas y nos manda hacia la dirección correcta. Y por fin, después de hora y media dando vueltas llegamos a comer al hogar agotadas, muertas de sed y apuradas porque llegamos tarde.
Por supuesto, todo esto se lo hemos ido contando a las educadoras, que se mueren de la risa con nuestras historias y creo que cada vez que salimos le ponen una vela a la virgen para que volvamos de una pieza.
La semana que viene nos vamos de viaje, ya veremos cómo nos apañamos.
10 nov 2010
Después observo
que toda esa gente parece satisfecha consigo misma y con el universo; es asombroso y hasta da un poco de miedo. Deambulan con sobriedad, aquel enarbolando una sonrisa socarrona, este un gesto embrutecido. Algunos, entre los más jóvenes, llevan cazadoras con motivos del rock duro más salvaje; se pueden leer frases como Kill them all! o Fuck and destroy!; pero todos comunican la certeza de estar pasando una tarde agradable, dedicada esencialmente a consumir, y por lo tanto a contribuir a la reafirmación de su ser.
Finalmente observo que me siento distinto a los demás, sin por ello poder precisar la naturaleza de esta diferencia.
Finalmente observo que me siento distinto a los demás, sin por ello poder precisar la naturaleza de esta diferencia.
Ampliación del campo de batalla
Michel Houellebecq
25 oct 2010
Y, por fin, llegó el día.
En teoría aún quedan unos minutos para que llegue, pero la sensación ya está aquí. Mañana a estas horas estaré sobrevolando el Atlántico (en realidad llevaré ya unas cuantas horas) rumbo a mi nuevo destino. Quienes me conocen (que creo que sois todos los que leéis el blog) saben que llevo deseando marcharme desde que volví. Las cosas son así, cada uno tiene sus demonios y uno de los míos es Zaragoza, esta ciudad inmovilista en la que nunca pasa nada pero en la que dejo mi vida entera, y que en los últimos meses me ha dado la oportunidad de conocer gente maravillosa, reencontrarme con otra que había perdido por el camino y seguir disfrutando de los que siempre han estado ahí. Espero poder reconciliarme con ella en estos tres meses para que a la vuelta todo sea incluso mejor que ahora.
En realidad es muy poco tiempo, tan poco que a muchos ni siquiera os va a dar tiempo de echarme de menos, pero yo lo haré por vosotros, porque os llevo a todos conmigo. Y sí, me estoy poniendo sentimental, es el efecto del pre-jetlag. Espero actualizar más que cuando estuve en Japón (que no es muy difícil) y manteneros informados de todo lo que me vaya pasando que sea digno de mención (no os contaré cuándo me corto las uñas, pese a que a Isa parezca interesarle :p).
¡Hasta pronto!
En realidad es muy poco tiempo, tan poco que a muchos ni siquiera os va a dar tiempo de echarme de menos, pero yo lo haré por vosotros, porque os llevo a todos conmigo. Y sí, me estoy poniendo sentimental, es el efecto del pre-jetlag. Espero actualizar más que cuando estuve en Japón (que no es muy difícil) y manteneros informados de todo lo que me vaya pasando que sea digno de mención (no os contaré cuándo me corto las uñas, pese a que a Isa parezca interesarle :p).
¡Hasta pronto!
1 oct 2010
Cambio de imagen
Como sabéis, queda poco para comenzar una nueva etapa en mi vida así que de momento me parece apropiado lavarle la cara al blog, que espero que tenga un poco más de actividad y no sólo vídeos que encuentro y me apetece compartir. El cambio de nombre no me parece necesario por ahora pero todo se andará.
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